Salvados por la campana….y por Palop

Por Gustavo Martín Manzano

Escribo estas líneas quizás todavía guiado por la euforia del momento, por esa sensación tan placentera de triunfo, de victoria, que tanto mejor sabe cuanto más se ha peleado por ella. Y es que vaya partido, vaya encuentro de fútbol no apto para cardíacos, vaya monumento que se ha hecho a la buena salud de la liga española. Dos equipos grandes, partiéndose la cara por entrar en cuartos de la Copa del Rey (sí, esa a la que se va a jugar con los suplentes… digáselo a Guardiola y a Jiménez hoy). Tras 180 minutos, ha salido ganador el conjunto hispalense por el doble valor de los goles en campo contrario, tras resistir esta noche el asedio de la mejor armada al servicio del balón, de un Barsa que ha hecho historia y que va a seguir haciéndolo, sin duda.

Pero tampoco hay que olvidarse de la realidad y adentrarse en un territorio ilusiorio de ilusiones, sueños y alternativas a grandes títulos; el Sevilla es un equipo grande, pero no una alternativa a los grandes poderes, al menos no todavía. Porque sí, hemos pasado, pero pidiendo la hora desde la primera mitad, y salvados por la campana… y por Palop.

La primera parte comenzó con un Sevilla atrevido, que iba a por el partido, un Sevilla que no tenía miedo del equipo culé. Sin embargo, poco tardó en diluirse esta sensación, ¿el problema? el centro del campo. Cierto es que tenemos innumerables bajas, que le jugamos al mejor equipo del mundo y que es previsible que esto ocurra… sí, son excusas aceptables, pero sólo valen si ha ocurrido por ese factor. El problema está en que el centro del campo se ha venido abajo por su cambio de actitud: al ver que las cosas empezaban a resultar más difíciles, que Iniesta era imparable, que Busquets hacía de arquitecto a falta de Xavi, y que Messi en un palmo te hace el apaño… les entró el canguele.

Con miedo a atacar y no poder defender una contra, Romaric y Duscher, que tampoco son precisamente un ejemplo de creatividad con el balón, desistieron por completo del empeño, dedicándose exclusivamente a destruir, y haciéndose imposible la circulación del esférico hacia los jugadores ofensivos rojiblancos, que sólo saboreaban la pelota merced a la descomunal labor de Adriano y Navas. Tocaba defender por tanto, y se hizo bien, vamos, parecía la Juve de los 90, infranqueable. Pero hasta a la Vecchia Signora de la pasada década le habría resultado imposible parar ese arsenal de talento formado por Messi, Iniesta, Xavi, Alves, Ibra… No se puede hacer, no se les puede dejar espacio a estos jugadores para que piensen, para que hagan juego, no se les puede esperar agazapados atrás como corderitos esperando que los lleven al matadero, porque por muy bien que se defienda, tarde o temprano te marcan. 

Así acabó la primera parte, y así empezó la segunda, que discurrió por estos derroteros hasta su final. ¿Que por qué estamos hablando entonces del triunfo sevillista? Por Palop. El gran capitán no sólo para lo imparable una y otra vez(la parada a cabezazo de Ibrahimovic es simplemente irrepetible), sino que controla el ritmo del partido a su antojo, saca el balón con criterio, y ejerce una influencia sobre el resto del equipo que no te la da ningún otro cancerbero en el fútbol actual, por muchos reflejos o calidad que tengan. Lo siento si parezco muy fanático, pero a mí no me cambien Palop por Casillas, ni por ningún otro. 

Al final sólo Xavi fue capaz de anotar un tanto, pero no fue por falta de ocasiones, hubo tantas que ni me acuerdo, y más de un aficionado sevillista habrá estado cercano a un infarto cada vez que Iniesta, Messi o Xavi cogían el balón. Y si algún sevillista no ha pensado que el silbido final puede ser la melodía más placentera del mundo, miente. Un saludo a todos mis compañeros rojiblancos, y a disfrutar del momento, que por algo habremos ganado al fin y al cabo al mejor equipo del mundo, ¿no?

Jesús Navas: un premio a la paciencia

Por Gustavo Martín Manzano

Jesús Navas debuta con la selecciónMuchas veces, el deporte nos deja grandes historias,  ejemplos de superación personal y de sacrificio por un sueño. Este fin de semana, en el “amistoso”, por así decirlo, entre las selecciones de fútbol de España y Argentina, se ha cumplido el deseo de un jugador, de sus familiares, de sus amigos y de todos los aficionados sevillistas en general: Jesús Navas, al fin, ha debutado con el combinado español.

Jesús Navas González (Los Palacios, Sevilla, 21-11-1985) es uno de los futbolistas más desequilibrantes del fútbol español actual, y con sólo 23 años es ya un símbolo del sevillismo que ha vivido el que seguramente haya sido el mejor lustro de la historia del club, ganando dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España. Sin embargo, su camino al éxito había tenido hasta ayer un obstáculo insalvable: la ansiedad.

Formado en la cantera sevillana, a la que llegó con 16 años, debutó con el primer equipo en la temporada 2003/2004, en la jornada 12 contra el Español, tan sólo dos días después de cumplir la mayoría de edad. Tras esa primera temporada alternando el primer equipo con el filial, se hizo un fijo en la banda derecha del Sánchez Pizjuán para todos los entrenadores que han ido pasando por el banquillo del equipo rojiblanco, con el que ya ha jugado más de 200 partidos en liga. Para entender la magnitud de estos números, Pablo Hernández, el otro jugador convocado por Vicente del Bosque por primera vez con la selección y que tiene la misma edad que Jesús, apenas ha superado los 50 partidos en Primera División.

Conocido como “el duende de Los Palacios”, pese a su corta estatura (1,60 metros) posee unas condiciones físicas inmejorables, con una velocidad endiablada unida a una gran agilidad y capacidad técnica. Formó durante los últimos años un carril derecho inigualable en el fútbol de alto nivel junto al brasileño Daniel Alves, y tras su marcha no ha hecho sino mejorar, corrigiendo algunos defectos como su irregularidad o su poca capacidad goleadora.

Tímido y de fuertes lazos familiares (su hermano, Marcos Navas, también estuvo en el filial sevillista y ahora juega en 2ºB, en el Guadalajara), sería en una concentración con la selección española sub’21 donde por primera vez aparecería su problema de ansiedad, teniendo que abandonar la competición y regresar a casa. Estas crisis se producirían intermitentemente durante los siguientes años, concentrándose básicamente en las pretemporadas con el equipo hispalense, lo que se transmitía en unos comienzos de temporada flojos por la falta de aclimatación.

Jesus Navas, símbolo del sevillismoA diferencia de otros casos, el equipo médico sevillista, la directiva y los propios familiares del chaval tomaron la decisión correcta, y escogieron el camino de la paciencia. Desde entonces, el proceso ha ido mejorando, pasito a pasito, lentamente, pero avanzando. Las crisis de ansiedad cada vez eran más espaciadas en el tiempo, y de menor duración. Nadie le forzó, y pese a que se merecía el premio de la selección desde hace mucho, se esperó a que fuera el propio jugador quien manifestara sentirse preparado. ´

Y así ha sido. Navas debutó en el minuto 82, y en tan sólo 10 minutos convirtió su área de juego en un vendaval, enviando un gran centro a su compañero Negredo y realizando una combinación de ensueño con Mata que no acabó con el primer gol del sevillano por poco. Al final del partido recibió el apoyo de los aficionados y de sus compañeros de equipo, y el cariño de todos los espectadores, porque este fin de semana ha ganado el fútbol, y se ha demostrado que el esfuerzo y la perseverancia siempre dan sus frutos. Felicidades Jesús, un pasito más.