NBA: Los “segundones”

Por Gustavo Martín Manzano

Tras habernos centrado últimamente más en el fútbol que en otra cosa, toca recordar que este es un blog sobre deportes en general, y no conviene centrarse en uno sólo. Hasta ahora, hemos hablado sobre tenis, F1 y fútbol; nos faltaba el cuarto deporte más seguido por las masas en este país: el baloncesto. Caso curioso el del basket, en el que la gran mayoría de seguidores siguen la liga estadounidense de baloncesto, la NBA, quedándose nuestra propia liga, la ACB, un poco marginada por la audiencia, si bien es cierto que con el auge de nuestra selección y las alegrías que nos da últimamente la “ÑBA”, se está recuperando la afición al baloncesto nacional. Hablaremos sin embargo de la liga americana, y dejaremos la nacional para otro momento (y del buen hacer del sevillano Cajasol, ya era hora de volver al lugar que le corresponde), ya que es lo que nos habéis pedido en la encuesta.

La NBA es indiscutiblemente la mejor liga de baloncesto del mundo, el sueño de cualquier jugador, la Meca del basket. Como todo producto norteamericano, está convertida en todo un show mediático, en el que las grandes estrellas son adoradas como dioses. Y es que, si algo se ha valorado por encima de todo en la NBA, son las estrellas individuales, jugadores que ganan los partidos solos, herederos de Jordan, Chamberlain o Magic Johnson. Sin embargo, en el baloncesto actual, en el que el grado de preparación física y táctica roza ya los límites máximos del esfuerzo humano, una individualidad no te garantiza el éxito, ni mucho menos: hace falta un equipo.

Es en este momento cuando empieza a surgir otra forma de “estrella” de la NBA, una sin lugar a dudas mucho menos valorada que los megacracks, pero que en mi opinión posee si cabe mayor valía que los anteriores: los jugadores de equipo. Son estos profesionales que dejan en segundo plano su propia gloria personal, sacrificada para la mayor gloria del conjunto; jugadores que pasan quizás desapercibidos en las principales tablas de estadísticas, que no recogen detalles de tanta importancia como las ayudas que éste realiza el equipo, su liderazgo, su colocación en pista o su papel vital en el juego tanto defensivo como ofensivo de su equipo. Veamos algunos ejemplos.

La transformación de los Lakers

Tras una década dorada para el equipo de Los Ángeles, el declive y posterior marcha de Shaquille O’Neal del equipo provocó una caída en picado del rendimiento del equipo, pese a contar con un jugador de la talla de Koby Briant, en mi opinión el que podría calificarse como “heredero” más próximo a Jordan, un galáctico capaz de ganarte los partidos sólo…pero no todos los partidos. El equipo realizaba temporadas mediocres, siendo eliminado en playoffs a las primeras de cambio. Las culpas se achacaban a que Koby estaba solo, no había equipo… entonces se fichó a Gasol.

El bueno de Pau cambió los Lakers de la noche a la mañana, y ya en su primera media temporada lo llevó a las finales de la NBA. Sin embargo, uno mira sus estadísticas y sólo podía ver un jugador con buenos números pero no determinante. Tras el anillo de la segunda temporada, y sobre todo en la temporada actual, en la que su presencia en el campo asegura la victoria del equipo angelino (y su ausencia, la más que probable derrota), parece que los medios de comunicación se han dado cuenta ya de la gigantesca importancia del de Sant Boi.

Jason Kidd, el hombre-equipo por excelencia

Otro que se ha ganado su fama a base de trabajo y sacrificio ha sido Kidd, tercer jugador que más triples-dobles ha conseguido en la NBA, sólo por detras de míticos de la talla de “Magic” y Oscar Robertson. Tras sus inicios en Phoenix fue traspasado a los Nets, que tradicionalmente se consideraba como uno de los equipos “perdedores” de la NBA. Sin embargo su llegada revolucionó radicalmente el juego de los de New Jersey, llevándolos a los Playoffs y alcanzando dos veces las Finales de la NBA. Fue entonces cuando sufrió una grave lesión en la rodilla, y esta temporada los Nets se vinieron abajo; tras su vuelta al año siguiente, los Nets, campeones de conferencia.

No acaba ahí la cosa, podemos hablar también de la actualidad. Kidd ha sido traspasado a los Mavericks, un equipo de grandes númers habitualmente pero que en los últimos años llevaba un rendimiento claramente inferior al que se esperaba de ellos. Pues fue llegar Kidd y todo cambia. Para empezar, los Nets se hunden, y hasta la fecha llevan el escandaloso récord de 3-36 (contando además con la mayor racha de derrotas seguidas en la NBA de todos los tiempos). En cuanto al equipo tejano, los Dallas resucitan, van segundos en la Conferencia Oeste (sólo por detras de los Lakers), y Nowitzki vuelve a brillar, ayudado evidentemente por la labor del bueno de Kidd.

Ejemplos como estos hay infinitos, ahí tenemos por ejemplo a los Cavaliers, claros candidatos al anillo, guiados por Lebron James… pero Lebron ya estaba antes y el equipo no daba para más que llegar a la primera ronda de playoffs… quizá sea una coincidencia la llegada este año de Shaquille y Jamario Moon. Lo mismo pasa en los Denver Nuggets de Carmelo Anthony, terceros en el Oeste, guiados por el todoterreno Chauncey Billups, que ya hizo campeones de la NBA a unos Detroits Piston que sin él deambulan en las pistas con más pena que gloria…

En definitiva, podemos decir que la calidad individual de las grandes estrellas, de aquellos jugadores nacidos para marcar una época, no es suficiente; y que éstos necesitan un “segundón”, un jugador que se sacrifique por ellos y que haga equipo, que se encargue de la labor oscura y que le deje a él la gloria y el aplauso del espectador. Este artículo va por ellos.

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