La pérfida albión

Sirvan estas lineas para agradecer a los británicos en general, y muy en concreto los ingleses en particular, su maravillosa donación al disfrute global de este planeta a través de los deportes.

Y es que los ingleses, siempre inquietos, revoltosos y creativos a lo largo de toda la Historia, han sido los inventores de multitud de juegos y deportes.

Sin ir más lejos, fueron los inventores del fútbol, y por tanto gracias a ellos existe el Betis. Nada más que por eso les estamos agradecidos a pesar, por supuesto, del paréntesis actual del segundazo en el que los béticos nos hayamos inmersos.

Pero no nos perdamos con cuestiones “secundarias”, también fueron inventores del tenis, deporte distinguido donde los haya en sus orígenes y apasionado como el que más en la actualidad. Gran aportación en su haber.

También fueron los que por primera vez en la historia cogieron voluntariamente un balón así como deforme, ahuevado, y de nuevo crearon una disciplina tan divertida y espectacular como fue el rugby, deporte de estudiantes y de currantes fornidos de toda la vida que después fue absorbido por sus primos anglosajones también del otro lado del charco creando el llamado futbol americano, el número 1 en USA, con el mismo balón de huevo, pero más brutos si cabe. Eso sí, en América lo practican con todo tipo de protecciones del físico.

Caso parecido es el criquet, invento inglés, pero manipulado genéticamente por los americanos para crear el divertido beisbol (que nunca entendí porqué no triunfa en Europa). Y es que el criquet, amigos, es tela de aburrido. Pero lo importante es que a ellos, a los hindúes y a dos más les divierte muchísimo.

Seguimos, ¿qué me dicen del golf, un palito y agujeros mínimos cada chiquicientos metros?, pues también es fruto del ingenio de estos juguetones isleños. Deporte que también ha pasado de ser elitista a, cada vez más apabullantenmente, deporte de masas.

Y así podemos seguir con el pinpong, y un largo etcétera, o incluso con adaptaciones de deportes de sus colonias, como el polo en la India, que ellos importaban para nuestro entorno y para América.

Lo que más nos puede maravillar -rozando lo inaudito- es verificar que apenas han cambiado las reglas de todos estos deportes. Es impresionante la perdurabilidad de algo que, teóricamente, cuando se generaliza tanto, tendría que haber sido adaptado con el tiempo. Pero no, están bien paridos los jueguecitos.

O también tiene mérito que, muy en la línea de los británicos que conducen por el lado incorrecto, pesan rocas en vez de kilos o corren durante millas y yardas en vez de kilómetros, nos han conseguido “colocar” –atención- formas de puntuación totalmente caprichosas, muy suyas, como el 15 a 40 o 30 a nada del tenis. O el birdie (pajarito) y bogey (moco) para contarnos cómo le va la partida de golf a un señor.  Enhorabuena, liantes.

Y muchas gracias por tanto ingleses, por tanto aporte al disfrute. Disfrute del resto, mayormente, porque la verdad es que los pobres después no son campeones en casi nada… Pero les queda la gloria de su inmensa contribución.

¿O no?

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